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La
Crítica de la realidad establecida vio la luz pública por
primera vez en 1991, bien que traducida al gallego por
aquello de las políticas lingüísticas de las comunidades
llamadas históricas. Tenía por entonces 25 años y concluía
los estudios de doctorado. Dos años más tarde, agotada la
primera edición, elaboré una segunda edición corregida y
aumentada, de la que tuve en mis manos las galeradas en
aquel mismo 1993, pero que por problemas editoriales no
apareció hasta 1995. Esta vez si, en castellano.
A la izquierda, portada de la segunda
edición (Ambas editadas por la editorial Novo Seculo) |
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De los temas sociales y
políticos a la epistemología |
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Las
investigaciones que culminaron en la Crítica de la
realidad establecida comenzaron en 1985, dando en 1986
una primera redacción (que aún conservo), cuya
semejanza con lo publicado apenas alcanza al título y si
acaso la intención de fondo. Sin embargo, el interés
inicial que guió aquellas investigaciones no fue de tipo
ontológico o gnoseológico como se pudiera esperar, sino
de tipo social y político. Fue la preocupación por estas
cuestiones, el interés por contribuir a la construcción
de un mundo más justo, tolerante y solidario, la que me
movió a considerar la necesidad prioritaria de contar
con un sólido marco epistemológico; pues, vi con
claridad la esterilidad de los debates sociales cuando
se asientan sobre modelos del ser humano y de la
realidad diferentes o cuando no simplemente
incompatibles, la discusión política presupone y pasa
necesariamente por la epistemológica. |
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Vivimos en una realidad
establecida |
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Las
conclusiones de la Crítica de la realidad establecida
pueden parecer desalentadoras: vivimos en una realidad
establecida a partir de los usos sociales de nuestro
entorno. Tal realidad carece de garantías últimas u otra
legitimidad que no sea la de ser impuesta socialmente a
partir de nuestra propia actuación con el entorno. Pero
tampoco hay una auténtica realidad detrás o por debajo
de ella que pudiera desenmascararla, pues no hay más
realidad que en la que vivimos, aunque ésta sea
construida. La concepción tradicional del conocimiento
como correspondencia con la realidad se revela errónea
(ya lo era desde Nietzsche), carecemos de tales órganos
de conocimiento así entendidos, en su lugar sólo tenemos
la capacidad para interpretar, inventar y construir la
realidad. De modo que no es posible asegurar que nuestro
modelo de realidad se corresponde con la auténtica
realidad; más bien al contrario, sea cual sea nuestro
modelo de realidad podemos estar seguros de que es
fabricada; pues la aportación más original y genuina de
la Crítica de la realidad establecida consiste en que si
no es posible demostrar nada acerca de la realidad de
las determinaciones ontológicas, sí lo es de sus
condiciones constitutivas; esto es, de cómo la realidad
llega a gestarse como tal. |
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Los
cimientos científicos de la epistemología |
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Arriba. Portada de la 1ª edición en gallego.
Merece mención la esmerada traducción de Luís Fagundes,
habida cuenta de las dificultades para traducir una obra
filosófica a una lengua tan poco apta para la
abstracción como el gallego (algo semejante debe
pasarles a quienes traducen obras alemanas al
castellano)
Sigo creyendo, ahora más que nunca, en la crucial
importancia que puede albergar tal epistemología no sólo
para la comprensión general del ser humano y las
realidad en que vive, sino también y de un modo más
acuciante para fomentar la tolerancia y contribuir a la
resolución de conflictos, muchas veces enquistados por
el «choque de realidades». |
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Cuando se
llega a resultados novedosos, que no concuerdan con lo
que uno esperaba, resulta muy difícil darles nombre,
pues las denominaciones al uso están demasiado lastradas
por la tradición. Allí hablo de perspectivismo o ciencia
fenomenológica, convencido de que aquello era aún
filosofía. Hoy ya no soy de ese parecer, ; pues aunque
se arranca de la filosofía el punto de destino es bien
distinto. Allí se establecen las bases para una nueva
ciencia de las condiciones constitutivas de la realidad,
que atendiendo a la tradición científica denomino
epistemología, como ya propuse en
Prolegómenos a
la epistemología.
Tal ciencia de las condiciones
constitutivas de la realidad; esto es, de cómo las
distintas realidades se gestan (o fabrican), se asienta
en el fondo en una lectura positiva de algunas tesis
relativistas y escépticas, a las que se interpreta ya no
únicamente de un forma negativa: poniendo coto a las
pretensiones de la ontología, sino también y
principalmente como sólidas tesis científicas en lo que
tienen de tales. |
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El poder de la razón contra
sus mitos |
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La Crítica
de la realidad establecida se gestó en el contexto
general de crisis del pensamiento de las últimas décadas
del siglo XX y que aún perdura en nuestros días. Crisis
propiciada por el desmoronamiento de los los mitos de la
razón moderna y el surgimiento de un autoproclamado
pensamiento postmoderno decadente, fruto de la propia
desazón moderna ante la caída de sus mitos; pues en el
fondo no es más que la conciencia derrotada de la
modernidad. En esta encrucijada la Crítica de la
realidad establecida no es una obra moderna, pues
reniega de los mitos de la modernidad, pero tampoco
postmoderna pues no renuncia a las posibilidades del
pensamiento.
En general el pensamiento postmoderno (si
es que existe algo que propiamente se pueda llamar así)
tiende a olvidar que ha sido el poder de la razón, del
razonamiento discursivo riguroso, el que hizo tambalear
los mitos de la razón moderna, mostrando que eran
errados. No es legítimo utilizar su poder crítico, para
después reintroducir nuevos mitos, algunos ya bastante
viejos y gastados. Una de las principales aportaciones
de la Crítica de la realidad establecida ha sido la de
utilizar los mismos instrumentos críticos que
destruyeron los mitos de la modernidad para construir
nuevas posibilidades más allá de aquellos. |
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Crítica de la realidad establecida
(857 kb)
Texto íntegro de la segunda edición en
castellano, tal y como aparece en las galeradas de 1993.
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