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Diógenes
el cínico en un fragmento del cuadro de Rafael "La escuela
de Atenas" |
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Una obra de teatro
inconclusa |
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Diógenes, o
del nadar contra corriente, pretendía ser un canto a la
libertad, a la superación del corsé de las tradiciones y
los convencionalismos. Nació en 1987 de forma casual al
conjugarse en el tiempo una perentoria necesidad
pecuniaria con la convocatoria en el ámbito
universitario de un premio de teatro dotado
económicamente. Una vez trazado el esquema principal de
la obra, me entusiasmó tanto que ni siquiera el hecho de
comprobar que no podría presentarse a concurso (pues
aunque no estaba explícito en las bases sólo se
aceptaban obras escritas originalmente en gallego, como
por otra parte sucedía con cuantos premios se convocaban
allí), me desanimó de emprenderlo. Sólo el nacimiento de
mi hija Krystal y
la adquisición de las nuevas responsabilidades paternas
me obligaron a posponerlo, hasta el día de hoy, pero aún
no he renunciado a terminarlo algún día. |
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Estructura de la obra |
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• ACTO I
Transcurre en Atenas, siglo IV a.c.,
Diógenes aparece en diversas circunstancias de su
vida: en el tonel en el que vivía, a las puertas de
los baños pidiendo limosna, en los burdeles
mendigando para sus otras necesidades. Abordando a
cuantos se encuentra, ridiculizando sus creencias,
desarmando sus más firmes opiniones. Hiparquia
abandona su casa de lujos, se despoja de todas sus
riquezas y vestidos, para seguir a Crates ante la
cólera de sus padres.
• ACTO II
Transcurre en Corinto, siglo IV
a.c., Recreación del legendario encuentro de
Diógenes con Alejandro Magno, cuando éste toma la
ciudad. Más tarde Diógenes decide morir, como toda
su vida hasta este último acto quiere tomarlo en
libertad. No se suicida, simplemente deja de
respirar y muere. Crates e Hiparquia, files a sus
enseñanzas “aquello que puede hacerse, puede hacerse
en cualquier parte” —decía Diógenes—, hacen el amor
junto al cadáver del maestro, como emotiva
despedida.
• ACTO III
Diógenes discute con Caronte el
precio de su viaje al Hades. Al final consigue ir
gratis ya que el propio Caronte se lo paga a fin de
no seguir oyéndolo. En el Hades incordia a Efestos,
quien para librarse de él y vengarse de los dioses
lo traslada al Olimpo, allí convencerá a los propios
dioses, incluido Zeus, de que sólo existen como
proyección imaginativa de los hombres. Poco a poco
van desapareciendo, finalmente también Diógenes
desaparece. Crates e Hiparquia hacen un elogio del
“Nadar contracorriente”.
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Diógenes o del nadar
contracorriente
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