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Solemos ver sus rostros en fotos de prensa o imágenes de
televisión. Su aspecto desaliñado e inconformista llama
la atención. Junto a ellos un epígrafe reza así:
Insumiso condenado a dos años y medio de prisión. A
su lado otros titulares anuncian sucesos como estos: "Violador,
detenido por varias agresiones sexuales hace seis meses,
vuelve a violar y asesinar" o "Alto cargo de la
administración condenado a seis meses de prisión menor y
el pago de una multa por la apropiación indebida de 600
millones".
Detrás de esa apariencia de heavy o punk,
de esa larga melena, de esos pendientes o de esa
chupa de cuero adornada con tachuelas, se encuentra
uno de los síntomas más sanos de la sociedad actual. El
insumiso, como colectivo, representa los valores de la
paz, la solidaridad y la libertad, del sacrificio
personal por una causa justa; siendo un claro ejemplo de
responsabilidad ética y conciencia social, tan en desuso
hoy en día.
Tienen de su lado a las mentes más insignes del siglo XX.
Entre sus compañeros de celda cabe destacar a Bertrand
Russell (Premio Nóbel 1950), que fue encarcelado por sus
ideales pacifistas y su negativa a prestar servicio de
armas. Entre sus adalides cuentan con Albert Einstein
(Premio Nóbel 1921), a quien tanto se ha atendido cuando
se trataba de aplicar sus descubrimientos en la Física
al desarrollo de arsenales nucleares o tecnología
militar, y tanto se ha ignorado cuando se trataba de
asuntos humanos, en los que también era un consumado
experto. Einstein consideraba que «la conciencia está
por encima de la autoridad de la ley del Estado». Tanto
es así, que no vaciló en señalar, expresamente, la
negativa a prestar el servicio militar como uno de los
derechos humanos fundamentales.
Dudo
mucho que haya alguien que, seriamente, sostenga que
estos jóvenes que se declaran insumisos son un "peligro"
para los ciudadanos que justifique el mantenerlos
entre rejas. Nuestro Gobierno, sin embargo, les
tiene un pánico espeluznante, como demuestra el que se
hayan ampliado las penas por este supuesto "delito" en
un porcentaje muy superior al de homicidas, violadores,
terroristas, mafiosos, estafadores, psicópatas, etc...
Quizá ve en ellos la amenaza que podría privarlos
del suministro anual de carne de cañón y
esclavos que, a precio de saldo, vienen percibiendo.
Y reacciona, como sólo puede hacerlo quien es
irreflexivo y estrecho de mente, golpeando allí donde
siente la molestia y la picazón; sin advertir que es en
sus propias carnes, que lo sostienen, donde golpea. Su
intolerancia, unida a la valentía de aquellos que la
sufren, hará que los insumisos de hoy pasen a la
historia como los héroes incomprendidos del presente,
mientras que sus verdugos lo harán como una prueba más
de que la estupidez no conoce épocas.
Enrique Timón
1994
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