|
VIRGINIA:
¿Desde cuando tu afición a los aforismos? ¿No es un poco
imbécil, por no decir pedante o pretencioso, tratar de
sintetizar en un conjunto de frases la verdad o una idea
genial? ¿No sería más provechoso tratar de explicarlo
simplemente de un modo claro y menos enigmático?
ENRIQUE:
¡Ejemm..! —traga saliva, se desabrocha el botón superior
de la camisa, al parecer tiene calor—. El aforismo no
tiene por qué ser enigmático, aunque desde Heráclito esa
haya sido su seña identificativa; al contrario, lo que
con él se busca es claridad, arrojar una luz sobre los
temas más oscuros. Tampoco busca la verdad o la idea
genial, si bien es correcto afirmar que, para ser bueno,
un aforismo debe cumplir dos condiciones: ser cierto e
ingenioso; a las que podríamos sumar una tercera, estar
bien escrito. En cuanto a tu primera pregunta, empecé a
coleccionar aforismos y luego a tratar de escribirlos yo
mismo a los 17 años, tras leer por primera vez a
Nietzsche, el más grande escritor de este género.
VIRGINIA:
Me parece que has eludido responder a mi pregunta
principal. Pero no te me vas a escapar. Responde ya:
¿Por qué los aforismos?
ENRIQUE:
¿Y por qué no? Hay a quien le gusta el Fútbol, a mi me
encantan los buenos aforismos, especialmente con el
desayuno y una buena taza de café. Cuando son buenos
(subrayado), resultan divertidos, agudos, ingeniosos y
breves.
VIRGINIA:
Parece claro que Nietzsche es también aquí tu autor
favorito, ¿que otros autores destacarías en este
terreno?
ENRIQUE:
Omar Kheyyam, Herman Hesse, Ciorán, etc... Pero ninguno
como Nietzsche, la profundidad y elegancia de algunas de
sus sentencias no tienen parangón.
VIRGINIA:
Hay algo que me intriga: ¿Como es posible que habiendo
escrito tantos aforismos y durante un período tan
prolongado de tiempo, no hayas publicado aún ningún
libro de este tipo?
ENRIQUE:
Es muy simple. En la mayor parte de los casos, cuando
volvía a leerlos al día siguiente, recuperado ya de la
resaca, lo que me había parecido una brillante sentencia
al escribirla, se revelaba como lo que era: un vómito de
embriaguez galopante. No obstante, he ido guardando
aquellos que me parecían más soportables, aún son pocos;
cuando reúna los suficientes quizá los dé a publicar.
VIRGINIA:
¿Cómo se llamaría ese libro?
ENRIQUE:
La
Derrota del Sonambulismo
VIRGINIA:
¿Un poco extraño no? Y luego dices que los aforismos no
son enigmáticos.
ENRIQUE:
En absoluto, el sonambulismo al que se refiere es aquél
del que hablaba Ortega, aludiendo a aquellos que
deambulan por la vida dejándose arrastrar por los
acontecimientos, sin detenerse a reflexionar.
|