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VIRGINIA:
¿Confiesas que te gusta el teatro? ¿Cómo se explica
entonces que apenas pises uno un par de veces al año,
mientras a menudo haces cola en los cines?
ENRIQUE:
El cine también me gusta. De hecho son pasiones
distintas, al cine voy a evadirme, a ver algo que me
divierta y entretenga, que me aleje de la monotonía
diaria. Si además consigue hacerme pensar tanto mejor.
pero principalmente debe distraerme, si quiero pensar
prefiero leer un buen ensayo o ir al teatro.
VIRGINIA:
De niño participaste en varias obras de teatro, incluso
llegaste a dirigir una a los 10 años. ¿Por qué no
continuaste? ¿Tan mal actor eras?
ENRIQUE:
¡Peor! Me horroriza salir a un escenario. Prefiero
asistir como espectador, o mejor aún escribirlo.
VIRGINIA:
¿Por eso escribiste una obra de teatro?
ENRIQUE:
En realidad tan sólo boceté su estructura y apenas si
comencé a escribirla, tan sólo termine la escena I.
Cuando estaba trabajando en ella, irrumpió mi
hija Krystal y
hube de posponerla hasta que encontrara tiempo... hasta
hoy, 12 años después.
VIRGINIA:
¿Cómo pensabas titularla?
ENRIQUE:
Diógenes o del nadar
contracorriente
VIRGINIA:
¿De qué trataba?
ENRIQUE:
De la vida, quizá más bien habría de decir la muerte, de
Diógenes, el padre de la filosofía cínica. Tomando como
referencia el amplio anecdotario que sobre este peculiar
personaje se conserva, pretendía ser una reflexión sobre
la sumisión del hombre a los convencionalismos sociales
y un canto a la rebeldía, a la valentía de “nadar
contracorriente”.
VIRGINIA:
Veamos un fragmento...
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