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La
maldición, el primer libro de la trilogía de La Cólera
de Nébulos, nos devuelve a los orígenes clásicos de la
narrativa fantástica. Recuerda a las grandes narraciones
de la antigüedad: La Odisea, el mito de Perseo, los
trabajos de Hércules, los argonautas. Todos ellos están
de algún modo presentes en la mente del lector cuando se
adentra por sus páginas. Francisco J. Illán Vivas, su
autor, nos ofrece una historia palpitante, con el aroma
de las grandes epopeyas de los clásicos, aderezadas con
un ritmo de la narración muy contemporáneo y un lenguaje
culto que le da una atmósfera arcaizante, pero sin
excesos verbales.
Diplomado en criminología y autor de varios libros de
poemas, este poeta y escritor murciano consigue
sumergirnos en la Eterna lucha del Bien contra el Mal
(nunca mejor dicho porque sus protagonistas son
“eternos”, una raza que ha conseguido dominar el
transcurso del tiempo). A través del Ojo del Tiempo, que
todo lo ve, Nébulos seguirá las peripecias de su hijo,
Eleazar y su fiel amigo y seguidor Eostes, para
conseguir desterrar La Maldición. Mientras el propio
Nébulos universida vive un desgarrador conflicto.
Eleazar y Eostes han violado la ley al adentrase en
Occidenter, y por ello le inflige un durísimo castigo;
pero al mismo tiempo su corazón desea el triunfo de su
hijo y su alegría se desborda tras cada obstáculo
superado.
En la
literatura fantástica es frecuente encontrar historias
del héroe solitario que debe salvar al mundo o el grupo
de amigos o aventureros que trabajan en equipo. Eleazar
y Eostes conforman en este sentido un peculiar tándem.
Ambos son guerreros formidables, su amistad parece
inquebrantable y en el combate muestran una verdadera
camaradería espartana. En el transcurso de sus aventuras
deberán de enfrentarse a toda clase de seres:
escorpiones gigantes, Trolls, Homosaurios, vampiros,
jinetes del averno y una ingente cantidad de criaturas y
peligros.
Su
parentesco con la mitología clásica va mucho más allá de
la propia estructura narrativa de la saga, muchas de las
denominaciones e incluso la forma de referirse a las
filiaciones familiares están directamente inspirados en
la mitología griega. Los propios personajes de Nébulos y
Carmesí recuerdan mucho a Zeus y Hera. Tampoco faltan
elementos de origen bíblico, como el propio nombre de
Eleazar (o su apodo durante el castigo, Canaam) o
incluso préstamos de la mitología nórdica (como Asgard o
los Trolls). Los acontecimientos, sin embargo, no
suceden en ninguno de estos mundos mitológicos, sino que
el autor se vale de estos “prestamos” para hacer
familiar al lector el complejo universo en que se
desarrollan los acontecimientos, facilitando la
absorción de una considerable cantidad de lugares,
historia y nombres, que de otro modo habría dificultado
su comprensión.
Pero la
mitología antigua no es el único recurso utilizado para
poblar un mundo tan rico en detalles. Existen también
muchos paralelismos con los mundos creados por Robert E.
Howard. Quizá uno de los más evidentes es el relativo a
los Homosaurios y Homoserpientes. Directamente sacados
del universo de escritor de Texas, donde incluso poseen
idénticas cualidades como la de simular su apariencia.
El autor, Francisco J. Illán, va dejando pistas
deliberadas de sus fuentes: Así denomina Astegia (por
Estigia) al territorio de los Homoserpientes, quienes
denominan a su reino Kemi (nombre de la capital de
Estigia en el mundo de Howard).
La
influencia de Robert E. Howard resulta patente pese a
las también evidentes diferencias en el estilo
narrativo. Francisco Illán posee la prosa fresca de
Robert E. Howard, esa agilidad para las descripciones
épicas. Más notoria es aún la inspiración netamente
howardiana que está presente en muchos pasajes, sin
menoscabo de su originalidad que derrocha a raudales.
Así, el episodio en que Eleazar recupera a Dragonia, una
espada legendaria cuyo poder habría palidecer a
Excalibur, trae a la memoria a “La cosa de la cripta”.
La torre del mago Safardeus, sus muros, sus guardianes y
el modo en que se enfrenta a Eostes evocan bien que
lejanamente algunos sucesos de “La torre del Elefante”.
Los afros necrófagos de Unahuma recuerdan
inevitablemente a “Sombras de Zamboula”.
Se echa
de menos un glosario, aunque el autor cuenta con uno muy
detallado en su Web
http://www.illanvivas.com/apendice.htm . También
sería estupendo contar con un mapa, algo que me consta
que el autor incluirá en el próximo volumen de la saga,
titulado El Rey de las Esfinges, y en próximas ediciones
de La maldición, que ya va por la tercera.
En
definitiva, La cólera de Nébulos no es sólo una gran
novela de literatura fantástica, es también una lectura
imprescindible por muchos motivos, pero sobre todo por
su originalidad. En los tiempos que vivimos, en los que
la bonanza de la fantasía épica ha provocado un
auténtico aluvión de títulos del género, que repiten
hasta la saciedad los mismos esquemas exitosos que todos
conocemos, la saga de Nébulos es una bocanada de aire
fresco, con el regusto de las viejas aventuras
mitológicas. En cualquier caso, para aquellos escépticos
que ya crean haberlo visto todo, les recomendaría que le
dieran una oportunidad a La Maldición, no se iban a
arrepentir.
Podéis
ver más detalles en la Web del autor
http://www.illanvivas.com
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