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No me atraen
especialmente los sistemas filosóficos, la mayoría de
ellos se limitan a centrarse en una aspecto de la
realidad (o de su realidad) y establecer desde él
relaciones con el resto del cosmos. Tampoco me ha
preocupado justificar con elaborados aparatos teóricos
mi particular cosmovisión, simplemente he procurado el
conocimiento seguro. No me pretendía sostener una
determinada concepción de la realidad sino averiguar de
que podíamos estar seguros, sin importar qué fuera esto.
Aquello me llevó, como no podía ser de otra manera, a
terrenos muy próximos a las tesis escépticas. Pero no
traté de burlarlas, me limité a seguir por aquella senda
a ver a donde me llevaba, pronto aquellas tesis
escépticas quedaron atrás, como una conquista más en el
camino, que dejaba vedado a la investigación el dominio
de las determinaciones ontológicas, pero dejaba abierto
y accesible el infinitamente más rico dominio de sus
condiciones constitutivas. Ya no s trataba de preguntar
qué es real, sino cómo algo llega a ser real para
alguien.
Le dediqué muchos años y esfuerzos, a veces
en solitario, pero muchas otras de forma colectiva con
mis amigos, escépticos practicantes, del Burgo de las
Naciones, con mis compañeros de facultad y más tarde, ya
en el seno de la Sociedad Gallega de Filosofía, con el
pequeño grupo que acostumbrábamos a reunirnos una vez
por semana en el reservado del Pub Metate de la zona
vieja de Santiago. Fruto de aquella dedicación emborroné
abundante papel; la mayoría permanece inédito y así
seguirá pues, salvo contadas excepciones que trataré de
hacer públicas aquí, no tienen mayor importancia que
mostrar el proceso evolutivo de la investigación, que
finalmente se materializó en sendas obras publicadas,
que pese al tiempo pasado suscribiría sin necesidad
siquiera de matizar.
La primera publicación a este respecto (y también en
general) fue la
Crítica de la realidad establecida, redactada en
forma de tratado sintetizaba los resultados de mis
investigaciones de aquellos años. Si bien lo hacía de
forma resumida. El proyecto original constaba de cuatro
volúmenes, de los que llegué a completar el primero (que
permanece inédito); pero al verme obligado a
sintetizarlos para presentarlos ante los compañeros y
amigos de la Sociedad Gallega de Filosofía nació el
texto abreviado que es el que finalmente se publicó en
1991, para el que preparé una segunda edición con
algunos añadidos dos años más tarde, que finalmente
vería la luz en 1995. En 1994 preocupado por las
dificultades de comprensión que presentaba para quienes
partían de una tradición analítica (anglo-sajona),
preparé una introducción especial dedicada a este
colectivo que finalmente no se publicó, pero que ahora
ofrezco
aquí.
Un año más tarde comencé a preparar un gran estudio, que
pensaba titular simplemente Epistemología, donde pensaba
presentar aquellas investigaciones con una cierta
articulación científica y en diálogo con las corrientes
contemporáneas de pensamiento. Pronto comprendí que
aquel intento quedaba fuera del alcance de mis
posibilidades del momento; así que llevado por la
urgencia decidí dar a publicar un breve resumen de aquel
aparato científico, bajo el título de
Prolegómenos a la epistemología, que sin embargo,
por diversas circunstancias, no llegaría a publicarse
hasta 2002.
Tampoco renuncié a poner los resultados de aquellas
investigaciones en diálogo con las corrientes
contemporáneas del pensamiento. Si bien lo hice a través
de pequeños artículos, en los que se abordaban temas muy
concretos pero centrales de la investigación, tal es el
caso de En
torno a una revisión crítica da la epojé escéptica
radical, de 1992, que trata de las posibilidades de
articular un procedimiento de duda metódica hoy en día,
y de Los
problemas epistemológicos de la realidad virtual, de
2002, dedicado a la dilucidación de la tesis primera de
la epistemología.
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