Código Abierto
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Desde ciertos sectores se ha venido promoviendo últimamente la necesidad de que se facilite el código fuente de las aplicaciones informáticas, Nos referimos aquí al movimiento conocido como “Open Source”, que no debe confundirse con el del “Software Libre”, aunque estén emparentados en su origen. Estas reivindicaciones  vienen asentadas en tres principios muy sólidos:

1º) El conocimiento es un bien de la humanidad, que como tal debe ser compartido.

2º) El código abierto evita usos malintencionados del software por parte de las compañías que lo desarrollan o cuanto menos permite descubrirlos.

3º) El usuario tiene derecho a modificar con total libertad el producto que adquiere, en este caso, el software.

Pero junto a propuestas tan justificables, al menos en apariencia,  como éstas, surgen gran cantidad de tópicos que no por repetidos dejan de ser completamente erróneos o cuanto menos difícilmente loables. Merece la pena destacar alguna de estas falacias para comprender mejor el sentido de la apertura del código.

 

Falacias sobre el Código Abierto


1ª Falacia: El código abierto es más seguro.- Se ha repetido tanto últimamente que es fácil sentir la tentación de creérselo, aunque no tenga ningún sentido. La afirmación de que el código abierto permite un software más seguro es muy semejante a la que pudiéramos hacer diciendo que un banco tiene menos posibilidades de ser atracado con éxito si hace públicos sus planos y contingencias de seguridad. El absurdo de la última propuesta no debería ser más patente que la anterior. Salvo que consideremos la seguridad con relación al creador del software (en este sentido, efectivamente el código abierto ofrece algunas garantías, no todas tampoco, frente a una utilización subrepticia por parte del desarrollador, sea un particular o una empresa), en las demás situaciones (frente a un acceso externo u hostil) la apertura del código jamás nos dará mayor seguridad; lo que no es óbice para que una aplicación que expone su código abierto no pueda ser más segura que otra que no lo hace, pero en tal caso lo será por la propia excelencia de la aplicación y nunca por el hecho de exponer su código.

2ª Falacia: El código abierto es más fiable.- Es un hábito común entre los programadores, ante la frustración causada por el funcionamiento incorrecto o inesperado de una aplicación, el desear acceder al código fuente para solucionarlo por si mismo o simplemente para modificarlo a su antojo. Esta actitud no seria muy distinta de la del técnico en electrónica que repara su propio televisor cuando falla. No cabe duda de que el técnico informático desea tener acceso al código fuente de las aplicaciones que utiliza y que este acceso le permitiría, al menos, afrontar por si mismo cualquier deficiencia del software y en este sentido sí que es efectivamente más fiable para él, pero no porque esté más libre de errores sino porque en caso de haberlos confía en la posibilidad de solventarlos. Pero es completamente erróneo trasladar al usuario (que no tiene porqué ser un experto programador y generalmente no lo es) ese sentimiento de mayor fiabilidad que tiene el informático, pues en su caso no sólo no es subjetivamente más fiable, sino que normalmente es objetivamente menos fiable en la media en que se ha diluido la responsabilidad. El desarrollador del software es responsable, cuanto menos moral, del buen funcionamiento del mismo. Para un usuario no programador, la inmensa mayoría, e incluso para muchos programadores (al margen de que deseen siempre tener acceso al código fuente) lo que hace fiable un producto de software es el ejercicio de esa responsabilidad por parte de sus desarrolladores (a través de una actualización constante y gratuita de cualquier deficiencia detectada en su producto) y no el hecho de que su código sea o no accesible. Si además tenemos en cuenta que la apertura del código suele ir pareja (si bien no siempre) a la renuncia a esa responsabilidad, tendremos que no sólo el código abierto no permite unas aplicaciones más fiables, sino que con frecuencia es más bien es lo contrario. Sólo cuando el desarrollador mantiene sus compromisos con la responsabilidad del software tras liberar su código fuente puede hablarse de una mayor fiabilidad, aunque ésta sólo afectará a los programadores expertos.

3ª Falacia: El código es conocimiento.- Si bien en un sentido epistemológico estricto cualquier acto cognitivo (como estar viendo la tele sentados en nuestro sofá) es conocimiento, difícilmente se considerarán tales actos cognitivos un patrimonio de la humanidad. Conocimiento, con mayúsculas, implica innovación, ideas nuevas, nuevas aplicaciones. En el caso del software, conocimiento puede ser un nuevo algoritmo que permita prestaciones nuevas, un nuevo lenguaje que implique ventajas significativas en ciertos aspectos sobre los anteriores, o simplemente el denominado “know how”, como hacer determinada cosa, pero en ningún caso el código en cuanto a tal. Una suma del tipo “2 + 2 = 4” no es conocimiento es simplemente una operativa, el concepto de número y de la aritmética en los que se basa sí son conocimiento. Lo mismo sucede con el software “If x == 5; y = 4;” es sólo una operativa, no conocimiento. La confusión podría tener su origen en el elevado concepto que algunos programadores tienen de sí mismos.

4ª Falacia: El código abierto permite al usuario comercializar una versión modificada del software.- ¿Qué pensaríamos de alguien que rescribiese El Señor de los Anillos de Tolkien, cambiándole el nombre de algunos personajes y después lo editara y lo pusiera a la venta en librerías? La situación no tiene porqué ser distinta aquí ya que en ambos caso se trata de productos intelectuales. Salvo cuando su autor lo permita explícitamente, la apertura del código tan sólo habilita al usuario a realizar modificaciones para su uso personal. El error radica en la falaz consideración del código como conocimiento (ya comentada en el punto anterior) y no como producto intelectual (como una obra literaria o artística), a la que se añade la no menos equivocada pretensión de que el conocimiento debe ser a su vez algo obligatoriamente compartido que todos tenemos derecho de usar, confundiendo lo que es una aspiración con una imposición. El hecho de que encontremos deseable que el conocimiento se comparta, no priva a su creador del derecho a decidir cuando y cómo lo comparte. Aludir en este punto a la historia, como suele hacerse, refleja un desconocimiento acusado de la misma, pues la historia de la humanidad no ha sido la del conocimiento compartido, sino más bien todo lo contrario: la de los secretos celosamente guardados o lucrativamente explotados. Tan sólo en los campos de la filosofía y la ciencia teóricas ha existido tradicionalmente una clara voluntad de divulgación, si bien en ocasiones más vinculada a la necesidad de arrogarse los méritos del descubrimiento, que al mero hecho altruista de compartirlos. Sin embargo, Internet ha abierto el paso a una nueva comunidad internacional, imbuida en el espíritu del 68, mucho más solidaria, que hace de la colaboración el pilar fundamental de su construcción. Este egregio movimiento surge de la voluntariedad de los internautas y necesita de esa misma voluntariedad para constituirse. Cuando la colaboración no nace de la voluntad de los individuos sino que les es impuesta no es ya colaboración sino servidumbre. Lo que nos lleva a la consideración de que apropiarse y vender el trabajo de otros (aunque lo enmascaremos con alguna modificación) sin su permiso no es compartir, sino más bien robar o plagiar.

 

Virtudes del Código Abierto


Aclaradas las falacias más comunes en torno a las características del Código Abierto, puedo declarar sin temor a malentendidos que soy un firme partidario suyo. Como desarrollador me gusta tener la posibilidad de modificar las aplicaciones que adquiero, sea para perfeccionarlas, sea para corregir alguna posible deficiencia siempre frustrante. Bien claro que hablo sólo de la posibilidad, puesto que lo más probable es que no gaste mi tiempo en ni siquiera mirarlo. Como usuario me gusta tener la garantía de que el desarrollador no ha incluido en su producto subrepticiamente ningún subprograma para realizar cualesquiera acciones en mi PC sin mi consentimiento (como por ejemplo, registrar mis acciones con la máquina); aquí y sólo aquí reside su mayor fiabilidad.

Ciertamente la apertura del código facilitará el plagio, pero éste no tendrá porqué dejar de ser ilegal, de otra parte también auspiciará el aprendizaje, tanto de aciertos como de errores. Es probable que en un futuro no muy lejano la mayor parte de las aplicaciones que se comercialicen abrirán de una manera u otra el código. De hecho, cada vez más aplicaciones integran utilidades de programación para que cualquier usuario avanzado pueda ampliar las posibilidades de la misma a su gusto. Dando cumplimiento así a una de las primeras demandas del Código Abierto: la posibilidad de modificar una aplicación, pero con incomparables ventajas con respecto a la modificación del código, ya que, al menos en ocasiones, estas herramientas están diseñadas para compatibilizar los cambios del usuario con futuras ampliaciones del desarrollador sin que surjan conflictos entre ellos. También tiene sus desventajas, como que las modificaciones posibles son tan sólo aquellas que ha previsto y permite la herramienta. Lo que redunda en la recomendación de una sucesiva apertura del código por parte de los desarrolladores.

Foros Enrique Irma Krystal Valeria Tienda

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