Software Libre
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Mi ideal libertario de la vida, me ha llevado siempre a considerar la libertad como el valor supremo, en el que pueden encontrar su justificación todos los demás, como he aclarado en otro lugar. Esto hizo que desde que comencé a escuchar hablar del software libre tuviera una gran curiosidad por saber de que se trataba. Lo fui siguiendo, a respetuosa distancia, durante años. Incluso llegué a probar una de aquellas primeras distribuciones de Linux, sin interfaz gráfica, con consola de comandos excepcionalmente engorrosa, casi ininstalable (dejé esta tediosa tarea a mi hermano) y con sorprendentes fallos de seguridad como privilegios de administrador en cuentas de invitado. Pero no fue nada de eso lo que más me decepcionó (aquello no eran más que fallos subsanables con el tiempo), sino ver que cada vez se diluía más el proyecto original, cuyo mayor atractivo era precisamente el ser creado por una comunidad de usuarios de todo el mundo que desinteresadamente ponían su trabajo a disposición de quien lo pudiese necesitar. Esta idea me cautivó entonces y aún me cautiva ahora, pero esto no es el Software Libre. Era sólo un espejismo. La realidad es que el Software Libre hoy es el caballo de batalla de las grandes corporaciones informáticas en su revancha contra su rival Microsoft,  que en el pasado las despojó de una privilegiada posición en la venta de software, y de la ambición corporativa de un gremio —el de los informáticos— cuyas aspiraciones lucrativas se han visto drásticamente mermadas en los últimos años. Como he dicho en otros lugares no soy persona de partido. Tampoco aquí. No le tengo ninguna animadversión a Microsoft ni a ninguna otra de las grandes corporaciones en pugna, ni mucho menos a mis compañeros con estudios de informática. Simplemente, no es mi guerra.

 

¿Software Libre?


En un principio, y si no fuera por todo el discurso que se ha generado en torno suyo, parecería más bien una tomadura de pelo. ¿Software Libre? ¿Qué sentido tiene eso? El software es un producto por inmaterial que sea (y nunca del todo – no puede existir sin soporte físico). ¿Qué sentido puede tener hablar de un producto libre? Lo mismo podríamos estar hablando de “tortillas de patata libres”, “coches libres”, o “cremas anticelulíticas libres”. La libertad por el contrario es un concepto que tan sólo tiene significado en el ámbito de los individuos (aunque a veces también se traslada con cierta imprecisión a colectivos humanos o animales). Quizá por esta razón muchos han confundido el software libre con el software gratis (que es otra acepción de free en inglés). ¿Quién no quiere software gratis (o coches gratis o casas gratis)? Sin embargo, este no es el sentido propuesto por los defensores del autodenominado software libre y como tal es rechazado explícitamente. De hecho, el autoproclamado software libre lejos de resultar gratuito es un lucrativo negocio.

Hablar de “software libre” sólo puede tener sentido en relación a su utilización por los individuos; esto es, como un software sin ataduras, con el que el usuario pueda actuar a su antojo. Ahora bien, estrictamente hablando casi todos los programas comerciales actuales vendrían a ser de este tipo, incluso la mayoría de los que el autoproclamado “Software Libre” dice oponerse. Nada prohíbe a un usuario hacer lo que quiera con el software que adquiere (salvo que sea de tipo demostrativo y tenga algún tipo de limitación), otra cosa es que los desarrolladores del mismo no se responsabilicen de aquellos usos para los que su producto no fue diseñado, pero esto entra dentro de la lógica de cualquier productor (si usamos un televisor como escalera, seguramente nuestro proveedor se niegue a asumir los desperfectos ocasionados). ¿Cuál es la diferencia, pues, que permite proclamar como libre sólo a los de un determinado tipo? Richard Stallman creador del Free Software (Software Libre) y profesor de Linus Torvalds (que da nombre al principal sistema operativo de este tipo de software) nos da la clave, con sus cuatro “libertades” que según él definirían el Software Libre por oposición al denominado Software Propietario y que pueden resumirse en dos reglas:

     1) Libertad para modificar el software mediante el acceso al código fuente: Este sería su punto de encuentro con el movimiento del “Código Abierto”, que como he mencionado en otra parte cuenta con mis simpatías. Si bien Stallman mantiene una concepción bastante anticuada de lo que es el software y el código; pues hoy en día puede haber maneras bastante más sencillas y aprovechables por un mayor número de usuarios de modificar un programa sin necesidad de hacer algo tan peligroso como cambiar su código fuente (que además inutiliza cualquier actualización del software por parte de los desarrolladores).

     2) Libertad para copiar y vender el software que se adquiere (por cualquier medio): Este es el punto verdaderamente polémico del autoproclamado “Software Libre”. Stallman parafraseando al pensador anarquista Proudhom, para quien “la propiedad es un robo”, llega a decir que “el Software Propietario es un robo”. Para Richard Stallman, en la práctica, la propiedad del software no pertenece a quien lo desarrolla, sino a quien lo adquiere, cualquiera que sea el medio de adquisición; esto es, simplemente a quien lo tiene, tanto derecho tiene a vender copias del software su creador que cualquiera otro que se haya hecho con él. Como Platón hace 2.500 años, que se escandalizaba de que los profesores pretendieran cobrar por su trabajo, impartir clases (algo que hasta entonces sólo se podía permitir la aristocracia ociosa), Richard Stallman se escandaliza hoy de que los programadores puedan cobrar por su trabajo (aunque ve con buenos ojos que se apropien y vendan el trabajo de otros).

Libre es un término que seduce, motivo por el cual es utilizado con frecuencia en la publicidad, ya sea comercial o política. El auge del autodenominado “Software Libre” no es tampoco ajeno a la seducción de la palabra. ¿Cuánto hay de verdadera libertad en la concepción de Stallman? Según él mismo afirma, su objetivo es que los Estados impongan su concepción del Software y prohíban cualquier otra modalidad de software que no se ajuste a sus reglas (al que denomina software propietario o privativo). ¿Qué hay de libertad en imponer al usuario un tipo de software? ¿Qué hay de libertad en una prohibición estatal? Lejos de buscar la libertad de los usuarios (de los únicos que tiene sentido predicar libertad) Stallman, bajo el engañoso precepto de un software libre, lo que busca es restringir la libertad de los usuarios a la hora de elegir y trabajar con el software.

 

Duelo de las Multinacionales del Software


Afortunadamente, las corrientes del autodenominado “Software Libre” tienen en realidad muy poco que ver con las ideas de Stallman, a las que utilizan como mera coartada ideológica. En el fondo no es más que un nuevo episodio de la lucha de los gigantes de la informática por el control de los sistemas operativos. No es una casualidad que sean precisamente las grandes compañías que en el pasado perdieron la batalla de los sistemas operativos contra Microsoft (inicialmente una empresa mucho más pequeña y modesta que sus competidoras), las que ahora abanderan la representación de Linux (sistema operativo de Software Libre) contra su adversaria. Más que de Software Libre contra Software Propietario, lo que está en pugna son dos modelos de Software Propietario: uno de código abierto, pero cuyo desarrollo ha corrido a cargo de otros (no por parte de las empresas que lo comercializan, si bien si le han hecho algunos añadidos), otro de código cerrado, que corre con los gastos de su propio desarrollo. Si algo bueno ha traído esta nueva contienda es la desaparición, al menos temporal, del monopolio en el mercado de sistemas operativos. Pero aunque los monopolios son por su propia naturaleza perniciosos, por cuanto limitan al individuo su libertad básica que es la de poder elegir, debe tenerse en cuenta que si Microsoft llegó a hacerse con él no fue únicamente por la calidad de su software, por su compatibilidad, sencillez, o facilidad para distribuirlo, aunque sin duda influyeron nunca hubiesen justificado un éxito de tales proporciones. El éxito de Microsoft se debió a la propia necesidad de los usuarios de trabajar en un entorno compatible en el que intercambiar sus documentos y trabajar con ellos. De ahí que pese a que en los últimos tiempos Internet ha ofrecido un ámbito de intercambio más libre, que ha favorecido la aparición de alternativas como Linux, esta necesidad siga pesando por encima de otras consideraciones. La tendencia de los usuarios lleva por su propia inercia a un sistema universal. Microsoft tendrá muchos problemas para mantenerse en esta posición mientras no abra el código fuente de su sistema operativo y evite así suspicacias, especialmente de los gobiernos, pero para hacerlo deberá depurar cuidadosamente su código y blindarlo frente a usos malintencionados del mismo, pues con el código abierto su sistema operativo será mucho más vulnerable de lo que ahora es.

Pudiera parecer una simplificación excesiva resumir la actual controversia entre los sistemas operativos basados en Software Libre (Linux) y los sistemas operativos propietarios (Windows)  a la eterna disputa de las grandes compañías por la supremacía en sistema operativos, convirtiendo a la legión de informáticos seguidores de esta corriente en poco más que tontos útiles de las grandes corporaciones. Nada más lejano a la realidad, aunque efectivamente existan bienintencionados defensores de la libertad entre sus filas, la mayoría tiene sus propios motivos para posicionarse a favor del autodenominado software libre. El software propietario ha ido progresivamente volcándose en facilitarle las cosas al usuario, especialmente y cada vez más acusadamente al usuario no experto, no necesariamente por ningún tipo de altruismo, sino simplemente por ampliar su cuota de mercado e integrar en esta revolución tecnológica a la mayor parte posible de la población. Esto ha provocado que al mismo tiempo que el número de informáticos profesionales se multiplicaba exponencialmente, éstos se iban haciéndose paulatinamente menos necesarios y a menudo eran sustituidos por meros aficionados (o usuarios avanzados) sin ningún estudio específico, convirtiendo a los informáticos de ser una de las profesiones mejor pagadas a una de las más precarias en pocos años. Ante esta situación de desocupación e intrusismo, muchos informáticos de carrera encuentran en Linux y el Software Libre, una oportunidad para cobrar grandes sueldos por sus servicios de consultoría y mantenimiento, como el propio Stallman anima a hacer. Por supuesto, las perspectivas de una mayor retribución y generar una mayor dependencia del usuario no experto no son los únicos motivos que llevan al estudiante de informática a decantarse mayoritariamente por Linux, también influyen otros factores como pudieran ser un profesorado universitario muy anticuado y sin reciclar que se encuentra mucho más familiarizado con el antiguo Unix (del que viene Linux) que con otros sistemas y lenguajes más modernos. En cualquier caso resulta revelador el elevado grado de predicamento que el Software Libre tiene entre los informáticos y estudiantes de esta carrera, frente a su escasa incidencia en el resto de los usuarios (salvo los políticos que también tienen mucho que ganar con ello; pues ¿hay algo más opaco que los costes de mantenimiento?).

 

Corolario sobre Richard Stallman


Tuve ocasión de conocer personalmente a Richard Stallman en 2004, e incluso realizamos un viaje juntos por zonas rurales de Castellón, invitados por un amigo común. Este amigo estaba encantado con Richard, de quien me dijo era un gran pensador. Había leído de sus excentricidades, pero por lo general las personas más interesantes e inteligentes suelen tenerlas en mayor o menor medida, por lo que a falta de otras referencias acepté su descripción. Ni que decir tiene que, dada mi curiosidad por el Software Libre, consideré que aquella ocasión que se me brindaba era única, nada menos que poder tratar del tema con su propio creador. Las decepciones llegaron rápidamente y de forma casi consecutiva. Lo primero que me resultó obvio al poco de conversor es que Stallman no es ningún filósofo o pensador, ni siquiera en aproximación, sino más bien una especie de Gurú o fanático religioso (bien entendido que su religión es el Software Libre, ya que es ateo —único punto de coincidencia, aunque a mí no me moleste decir adiós—). Se niega a escuchar el más mínimo comentario que no sea de alabanza o total consonancia con sus ideas. Como él mismo dice esas conversaciones carecen de interés para él. Es un predicador sin la más mínima capacidad de autocrítica o diálogo. La segunda decepción vino cuando ya sólo hablaba él y describió con detalle sus aspiraciones: Que el gobierno español y los gobiernos europeos prohíban la comercialización o distribución de cualquier software que no cumpla con los requisitos del software libre, cuyo primer paso sería erradicarlos de la propia administración ¡bien por la libertad! —pensé—. La tercera sobrevino al comprobar lo anticuado que aquel gurú estaba en temas de informática y programación. Como profesional de la informática no dudo de lo bueno que pueda haber sido en otros tiempos —si le creemos a él la única parte de Linux que no falla es producto de su aportación—, pero desde luego estaba completamente obsoleto en temas de tecnología de software. Sus manías personales agudizaban su divorcio con el momento actual: rechazaba cualquier tipo de interfaz gráfica, sólo admitía texto en pantalla y secuencias de comandos, no era uno de los ya entonces millones de internautas, nunca navegaba por Internet, se negaba a ello; según confesión propia porque temía ser localizado así (supongo que relacionado con algunas de sus obsesiones paranoicas acerca de que Bill Gates estaría planeando asesinarlo). Después no dejé que siguiera decepcionándome, a partir de aquel momento era a mí a quien había dejado de interesar la conversación. Pasé el resto del viaje contemplando el paisaje y reflexionando sobre aquel encuentro. Ahora creo que debo agradecerle aquel monólogo pues despejó todas las dudas que hasta entonces pudiesen quedarme sobre la verdadera naturaleza del Software Libre.
 

Foros Enrique Irma Krystal Valeria Tienda

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