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La nueva
saga de Fantasía Épica |
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El Último
Titán representa una nueva forma de concebir
la literatura fantástica, alejada de tópicos
como la eterna lucha del bien contra el mal,
la introducción reiterada de elementos
místicos inexplicables, el recurso a
categorías rígidas propias de los juegos de
rol o la repetición inagotable de esquemas
exitosos (como el del héroe humilde que debe
encontrar o utilizar un artilugio mágico con
el que salvará el mundo). Tal afirmación no
obedece a ningún prurito ni pretensión de
originalidad exacerbada, sino a la mera
constatación de que no se trata de un relato
de literatura fantástica al uso, aunque
existan muchos elementos que puedan
emparentarlo con los textos más conocidos:
así existe un personaje central solitario y
autosuficiente semejante en esto a Conan,
Kull o Sonja de Robert E. Howard. Al igual
que Drizzt de Salvatore se trata de un
personaje atormentado por las dudas y el
lastre de su pasado. Como en ciertos relatos
de Robert Jordan se cuida especialmente el
realismo de los ambientes en los que
desenvuelven los personajes. Imitando y
profundizando en el proceder de Tolkien se
han documentado exhaustivamente todos los
aspectos del mundo desde los
histórico-evolutivos, a los étnicos,
geográficos, sociológicos, económicos o
lingüísticos antes de situar a los
personajes en él. Recuerda a las sagas de
Margaret Weis y Tracy Hickman en el ritmo
ágil de la narración, amenizado por el
concurso de personajes y situaciones que
suavizan el dramatismo de los
acontecimientos. Como en las sagas de Glen
Cook no hay princesas elfas, ni caballeros
andantes, sino que los personajes se mueven
más bien en ambientes marginales. Como en
Canción de Hielo y Fuego de George R.R.
Martin, sin ser como aquella una novela
coral, podemos ir viendo cómo los
acontecimientos se destacan en virtud de la
perspectiva psicológica de los personajes.
En definitiva, sigue el esquema común propio
de la mayoría de los relatos fantásticos o
de aventuras, los protagonistas, a los que
se unen y abandonan nuevos personajes, van
enfrentándose a los distintos desafíos que
les depara su situación.
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La Era de
Rankor
Primera
Trilogía de El Último Titán |
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Portada de la primera novela de la
trilogía. Publicada en
su primera edición el 25 de junio de 2007. Disponible en
dos formatos: Uno de lujo en tapa dura y otro más
sencillo en rústica. También está disponible en descarga
gratuita.
La
ilustración de la portada, realizada artesanalmente al
óleo sobre lienzo, es obra del propio autor. Quien, sin
embargo, ha dejado el resto de artes plásticas de la
serie en manos de su ilustrador oficial. |
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Durante su cruel guerra fratricida los dioses cohabitaron
con los humanos a los que arrastraron en su locura. La
estrecha y tensa confraternización de ambas razas
durante la contienda también generó frecuentes pasiones
que en otros tiempos se hubiesen tildado de
contranaturales. Fruto de aquellas uniones surgieron los
titanes, que heredaron la fortaleza e inteligencia de
los dioses pero no su longevidad ni su pigmentación
azulada. Al término de la guerra que los enfrentaba
entre sí, los dioses descubrieron con temor el creciente
poder de los titanes. Eran sus hijos, pero también una
consecuencia no deseada de su odio y su lujuria. No
tardaron en tomar una determinación: debían
exterminarlos a todos. A consecuencia de ello se vieron
envueltos en una nueva guerra, esta vez unidos los
supervivientes de la anterior, contra los titanes. La
ganaron, aniquilaron hasta el último de ellos y después
se alejaron del mundo que tantas amarguras les había
proporcionado. Pero junto a los fuegos de la contienda
surgió un romance entre un titán y una diosa. El murió
asesinado como todos los de su especie, pero no sin
antes dejar su semilla en el vientre de su amada. Veinte
años después, lo que duraba el período de gestación en
los dioses, nació Cromber, el último titán. |
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En los
comienzos de la Era de Rankor, aquel fruto del amor y
del odio, contaba 29 inviernos, había recorrido ya de
Oeste a Este todo el Gran Continente y las islas del
Norte, dominaba más de cinco idiomas y sabía escribir en
al menos dos de ellos. Durante esos años se dice que fue
aventurero, soldado, ladrón, mercenario, pirata,
gladiador e, incluso, filósofo. Su vida era entonces la
de un vagabundo errante, sin patria a la que servir, ni
dios al que adorar, ni mujer a la que amar... Había
vivido los dos últimos años retirado en las islas Bitta,
dedicado a la meditación. Ahora los crecientes rumores
que llegaban del este le habían impulsado a volver al
Gran Continente. Hablaban de una nueva divinidad (Rankor)
en cuyo nombre el Imperio Hamersab, al que sirvió en el
pasado, se había embarcado en una guerra santa (Deiblad)
para imponer su culto al resto de los pueblos.
Más que la
amenaza de la guerra, lo que despertaba la curiosidad de
Cromber eran los comentarios acerca de la presencia en
los ejércitos hamersab de poderosos magos con dominio
sobre las mentes y los elementos, de caballeros sagrados
que cabalgaban sobre reptiles alados (Grai-Ar), de
sanadores capaces de curar cualquier herida, de naves
voladoras (Drekaim) que surcaban los cielos con un poder
devastador… |
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Algunas
claves para comprenderla |
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Se le podría encuadrar dentro de la fantasía
épica, con las salvedades ya anunciadas
anteriormente, por ubicarlo de alguna
manera; no obstante, deben acentuarse
algunas cautelas:
En primer lugar se trata de aunar los
géneros de fantástico y de ciencia ficción.
Todos los elementos aparentemente mágicos
que surgen en el desarrollo de la novela
tienen una explicación técnica, su condición
mágica se la da el ser narrados desde la
óptica fantástica de los habitantes del
mundo imaginario en el que se desarrollan
los acontecimientos. El breve prólogo que
muestra la discusión entre un historiador y
un filósofo sirve para ilustrar las dos
posibles lecturas, en clave tecnológica (o
de ciencia-ficción) y en clave fantástica.
Si podemos decir que Dune de Frank Herbert
es más bien una obra de literatura
fantástica escrita en clave de ciencia
ficción, El Último Titán vendría a ser su
inversión, una obra de ciencia ficción
escrita en clave de literatura fantástica.
En segundo término cabe considerar la
decidida voluntad de realismo, de impregnar
los escenarios de la máxima verosimilitud y
coherencia posibles. De modo que lo
fantástico quede relegado al carácter
imaginario del mundo y la óptica de sus
habitantes, haciendo creíbles las
situaciones y permitiendo que el lector se
sienta transportado a ese mundo, conviviendo
cada paso con los personajes. Esta voluntad
de realismo se traduce en unos protagonistas
con necesidades humanas (tanto fisiológicas
como afectivas), que han de ganarse el
sustento diario para sobrevivir o correr
aventuras, en una ausencia de situaciones
inexplicables o magos que adquieren un poder
inconmensurable y a un simple gesto
resuelven la situación, tampoco existen
luchadores infatigables o invulnerables, los
protagonistas también pierden, a veces
incluso la vida. No existen el bien y el
mal, tan sólo dentro de la óptica de cada
personaje hay una concepción de lo bueno y
lo malo, pero incluso en estos casos hay
personajes de convicciones firmes (o es
blanco o es negro) y otros para los que todo
son distintas tonalidades de gris.
En todo momento se ha partido del nítido
convencimiento de que este género literario
no tiene por qué estar reñido con la
profundidad, en ninguna de sus dimensiones
(filosófica, sociológica o psicológica). Las
mismas razones obligaban a que el relato
estuviera dedicado a un público adulto más
exigente. Ciertamente es un libro de
aventuras, pero no podían faltar otros
ingredientes esenciales como la intriga, la
acción, o el erotismo; de modo que puede
decirse que se superponen varias tramas,
entre las que destacarían: una trama épica
que es el hilo conductor de la historia, una
trama romántica de amor y desamor entre los
protagonistas y una trama filosófica
centrada en la sinrazón de la violencia y
las consecuencias funestas de la guerra en
abierta contradicción con un contexto en el
que no es posible eludirlas.
En definitiva, El Último Titán es una obra
que pretende entretener al lector
transportándole a otros mundos posibles, en
los que las aventuras de los personajes
generan situaciones que invitan a la
reflexión, sin perjuicio de una lectura más
superficial que prefiera ignorar las tramas
filosóficas que se suscitan.
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