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Agripina
era hija de la hermana pequeña de
Brocos, el famoso bandido de
Burdomar. Al morir su madre asesinada por su amante
borracho una noche al regresar a casa, su tío se encargó
de cuidarla y de vengar a su hermana. Creció entre
forajidos, la banda más famosa de todos los reinos
kantherios. Operaban en los bosques de la región de
Foreas Wunt, a travesada por dos de las principales
rutas de la Senda Real, las que unen Tirso (capital de
Darlem) con Barnade (capital de
Burdomar) y con Jezal
(capital de Mortinam).
Probablemente las principales rutas comerciales de todos
los reinos kantherios. Su tío Brocos, al que también
llamaban “el enmascarado”, gozaba del apoyo de las
gentes del lugar, con las que repartía hábilmente una
modesta parte de sus botines. Ni el Conde de Foreas, ni
los mismísimos ejércitos del Rey de Burdomar
consiguieron nunca capturarlo.
Con
apenas veinte inviernos Agripina se había convertido en
la ladrona más hábil al servicio de su tío. Por aquellas
fechas conoció a Cromber, al
que capturaron en una emboscada. Le ofrecieron la vida a
cambio de unirse a la banda y aquél aceptó. Al principio
le pareció más bien un engreído insoportable; pero una
estación más tarde, cuando la salvó de la fortaleza de
Sumarth, donde la habían encerrado tras capturarla,
inició una tórrida relación con el titán que se vería
bruscamente interrumpida por su propia muerte. Al igual
que centenares de miles de personas en aquellos años,
Agripina contrajo la peste que asoló buena parte del
mundo civilizado. Cromber no se movió de su lado
mientras convalecía de la enfermedad, mientras las
gentes, incluido su propio tío, abandonaban a los
enfermos a su suerte por temor a ser contagiados. Pero
de nada le sirvió, tan sólo pudo contemplar como la vida
de la muchacha se le escapaba lentamente.
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