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Los amónidas son una
etnia religiosa y mística. Originarios de la vertiente
occidental de los montes Herrios, al sur del Lavare, se
extendieron por toda la franja continental hasta llegar
al mar. Llegando a aplastar a los graph a los que
convirtieron en esclavos, durante la
Guerra de los Dioses,
y expulsaron a los tupir a las selvas del sur.
Organizados en diminutos reinos, en torno a
ciudades-estado, su devoción hacia los arcanos ralla el
fanatismo. Las otras etnias los tienen por seres
enigmáticos y traicioneros. |
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Fisiología |
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De
constitución enjuta y estatura media, son de cabellos
morenos y tez muy oscura. Sus ojos son normalmente
oscuros o directamente negros y brillantes. Suelen
llevar los cabellos rapados, tanto hombres como mujeres,
salvo los ancianos. |
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Costumbres |
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Los
amónidas acostumbran a vestir sencillas túnicas de lana
o pieles animales, tanto hombres como mujeres, adornadas
con broches o alfileres de metal. Su modo de vida es
austero. Dedican su existencia a los dioses, que
configuran todos los aspectos y rituales de su vida
social. Los amónidas son sobre todo colectivos. El
individuo no tiene ningún valor fuera de su papel en la
comunidad. Cuando los dioses o en su lugar los altos
sacerdotes lo determinan debe sacrificarse en aras del
bien común.
Practican sacrificios humanos, y la servidumbre a partir
de los designios de sus dioses interpretados siempre por
su clase sacerdotal. Son extremadamente racistas y
xenófobos, sólo los amónidas son la raza superior de la
humanidad es comunión con los dioses.
Fundamentalmente se trata de una sociedad esclavista, en
la que los trabajos más duros recaen en esclavos, con
frecuencia no amónidas. Su modo de vida es urbano,
aunque su sociedad es extremadamente cerrada. Viven en
ciudades amuralladas, con muros de adobe que crecen
junto a la población. La producción agrícola y minera
está en manos de explotaciones de esclavos, fuertemente
custodiadas. |
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Religión |
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Los
amónidas adoraban a los arcanos antes del advenimiento y
también después del advenimiento. Reaccionaron siempre
con hostilidad a los nuevos dioses. Sus dioses tienen
forma de animales gigantes, que existieron en el pasado
y algunos afirman que aún están presentes hoy en día.
Los sacerdotes y chamanes son los únicos capaces de
comunicarse con los dioses e interpretar su voluntad. De
hecho el Mainark (Sacerdote Supremo) es la máxima
autoridad en la sociedad amónida, por encima incluso del
Rey, que queda relegado a un papel decorativo o
conductor de los ejércitos en tiempos de guerra.
La
resistencia de los amónidas a renunciar a su adoración a
los arcanos y aceptar a los nuevos dioses, provocó la
llamada Guerra de los
Dioses. Para evitar ser convertidos, lo amónidas
fingieron adorar por separado a cada uno de los bandos
en que los dioses se habían dividido tras la Escisión,
denunciando después las injerencias del otro bando. Los
propios dioses fueron engañados y se inició la mayor y
más desastrosa guerra jamás conocida. |
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Ciencia y filosofía |
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Los
amónidas reniegan expresamente de todo lo que huela a
ciencia o filosofía. Lo consideran un crimen y es motivo
suficiente su cultivo para condenar a muerte a quien ose
acercarse a estos terrenos, así como a toda su familia.
No conocen otra sabiduría que la de los arcanos. No
obstante, son muy habilidosos en la fabricación de
brebajes y pócimas, los llamados brujos o chamanes,
ligados a la casta sacerdotal, transmiten sus
conocimientos de padres a hijos. |
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Economía y comercio |
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En
agricultura y ganadería, los amónidas practican una
economía de subsistencia, abastecidos por la legión de
esclavos que trabajan en sus campos. Pero la principal
fuente de su riqueza son las importantes minas de
metales preciosos, en particular oro, así como diamantes
que pueblan su territorio y que han sabido explotar. Sus
malas relaciones con otros pueblos vecinos hacen que su
comercio no sea destacado. Compensan se escasa habilidad
mercantil con la generosidad en el trato. |
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Ejército |
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El
ejército amónida es uno de los más peculiares del mundo.
Carecen de caballería, como tal, pues consideran indigno
cabalgar a lomos de un animal, aunque si cuentan con
carros tirados por bueyes y caballos. Hay quienes
señalan su culto a los arcanos como origen de su
aversión a las tropas montadas.
Uno de
los principales rasgos distintivos del ejército amónida
es la utilización de la zuarda, un veneno muy potente
que se obtiene de la planta del mismo nombre que crece
en sus pantanos, con el que impregnan sus armas. Se
trata de un veneno mortal, que comienza atrofiando la
capacidad muscular de la víctima, para terminar
causándole la muerte. El único antídoto conocido es la
administración previa de una dosis no letal de sí mismo,
ya que sólo hace efecto la primera vez que ataca al
organismo, después se vuelve inocuo.
Otro
rasgo distintivo viene dado por el tipo de armas
utilizado. El arma favorita de los amónidas es la maza,
y en particular la maza estática poblada de aristas,
aunque existe gran variedad. Las espadas y dagas son
también muy peculiares, ya que no tienen las formas
rectas de kantherios,
virianos o
creones, tampoco las curvas de
los hamersab, sino que como
ellos mismos son sinuosas, retorcidas. Su utilidad
radica en que sus punzadas son mucho más dolorosas para
la víctima, especialmente al extraer el arma, y en que
su propia forma pretende atemorizar al enemigo.
También
sus protecciones y armaduras llevan su sello
característico. Por lo general los amónidas no llevan
armaduras como tales, tan sólo unas mínimas protecciones
diseñadas con un doble propósito defensivo y ofensivo.
Estas caretas, hombreras, muñequeras, rodilleras, etc…
están terminadas en pinchos o salientes punzantes, al
igual que sus pequeños escudos redondos, su función,
además de la de servir de protección en puntos
especialmente vulnerables, es la de atemorizar al
enemigo y añadir a sus guerreros capacidad ofensiva
cuerpo a cuerpo, especialmente cuando sus enemigos,
sobre todo virianos y kantherios, son por lo general más
corpulentos que ellos. |
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Organización política |
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Los
amónidas están organizados en pequeños reinos
constituidos en torno a una gran ciudad. Lo que
comúnmente se llaman ciudades-estado. Si bien su
espíritu de comunidad étnica les empuja a aliarse con
frecuencia con otros reinos amónidas. Cada uno se
gestiona de forma independiente, mediante una sólida
estructura jerárquica en cuya cúspide están el Rey y el
Mainark o supremo sacerdote. El Rey es la cabeza visible
del estado, acude a las ceremonias, y lidera los
ejércitos en batalla. El Mainark ejerce el poder real,
toma las máximas decisiones sobre la vida y la muerte de
sus súbditos, incluido el Rey, es quien decide cuándo se
va a la guerra o si se acepta o no una alianza. |
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