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Arlius
nació y creció en un pueblecito del interior de
Akaleim. Siendo muy joven
vivió los comienzos de la
Guerra de los
Titanes. Al igual que su familia odiaba al usurpador
Grozmer y su decreto para destruir todos los templos
dedicados a los dioses. Cuando el divino colectivo
organizó un ejército para acabar con aquel Rey y sus
aliados titanes, no lo pensó y se presentó voluntario.
Superviviente de una primera derrota se vio obligado a
exiliarse entre los arrakios.
Su valor y determinación consiguieron que los dioses
decidieran entrenarlo como archimago. Su entrenamiento
duró casi un año, al término del cual fue asignado a la
escolta de diosa Adana, esposa de Bulfas, dios supremo
de los kantherios. Participó activamente en la batalla
de Dom y también en el cerco a las
Bitta.
Acompañaba a Adana cuando ésta capturó a Brisack, hijo
de Grozmer. Intentó matarlo allí mismo pero la diosa no
se lo permitió. Poco a poco fue testigo de cómo Adana y
su prisionero iniciaban un romance hasta enamorarse
perdidamente el uno del otro. Su odio por Grozmer estuvo
a punto de conducirlo a delatarles, pero su devoción por
la diosa pudo más. Finalmente se convirtió en su
confidente. Adana lo trasladó a un lugar seguro, en
territorio de Arrack,
muy cerca de Akaleim. Pero
Brisack, desobedeciendo los consejos de la diosa,
abandonó el refugio para intentar contactar con los
suyos. Lo capturaron y lo asesinaron en el acto. Arlius
sufrió con el dolor de Adana. Poco después la diosa le
confesó que estaba embazada. Lo ocultó durante los
veinte años que duraba el proceso de gestación entre los
dioses. No fue difícil, pues su marido no dormía con
ella y nunca la tocaba desde mucho antes de la
Guerra de los Dioses,
por los días de la Escisión, cuando ella descubrió que
le había sido infiel con la mujer de Magrud.
Al nacer
su hijo, al que llamó Cromber,
supo que no podría ocultarlo por más tiempo y la diosa
recurrió de nuevo a Arlius, para que lo escondiese y
educase. El archimago lo entregó a una familia de
arrakios con los que tenía amistad, que lo cuidaron como
si fuera suyo. El vivió siempre cerca de la criatura.
Todas las primaveras su padre adoptivo lo acercaba a su
cabaña para que pudiera instruirlo. Cuando el muchacho
cumplió los dieciséis años y recibió su primer bautismo
de sangre, consideró cumplida su palabra y regresó a
Fuerte Dariam en Darlem, donde
lo esperaban sus antiguos camaradas, servidores de los
dioses y supervivientes de la
Guerra de los
Titanes. |