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Blarena
nació y creció en una tribu del Noreste de
Argámeda.
Desde su nacimiento fue prometida a Elkjaer, hijo del
mejor amigo de su padre, dos años mayor que ella. Hasta
donde podía recordar siempre estuvo junto a su
prometido. Jugaban juntos de niños. Se convirtieron en
amantes, cuando ella apenas tenía catorce inviernos,
anticipando las miles que les habían sido predestinadas.
La mala fortuna quiso que uno de sus encuentros fuese
presenciado por Thorcos, un joven algo mayor que Elkjaer,
alto y muy musculoso, que acostumbraba a perseguirla con
sus insinuaciones. Thorcos hizo público su
descubrimiento para escarnio de la pareja, ya que aunque
prometidos los virianos veían con malos ojos el sexo
prematrimonial a menos que fuera con esclavos o
prostitutas. No contento con ello, la llamaba “puta” y
“guarra” cada vez que se cruzaban en la aldea. En una de
esas ocasiones Elkjaer estaba con ella y se enfrentó al
gigante en defensa de su honor, pelearon a puñetazos,
pero Thorcos agarró un hacha y mató a Elkjaer de un solo
golpe.
El mundo
de Blarena de hundió en los abismos. En un instante lo
había perdido todo. Su ira creció cuando los ancianos de
la tribu decretaron que se había tratado de un accidente
y no establecieron otro castigo para el asesino, que su
reclusión en casa por veinte días. Las mujeres virianas
acostumbraban a recibir entrenamiento en las armas, pero
no con la misma intensidad y dedicación que los hombres,
a partir de aquel momento ella se dedicó a practicar con
el arma que mejor dominaba, el arco. Los veinte días de
reclusión domiciliaria de Thorcos los utilizó
intensivamente para perfeccionar sus habilidades. Cuando
aquel salió lo desafió. Thorcos tomó un hacha, la misma
con la que había matado a Elkjaer, al ver que ella la
apuntaba con su arco arrojó el hacha contra ella, que no
se movió y el arma le pasó rozando, después disparó su
arco y la única flecha que llevaba atravesó a Thorcos en
un ojo y lo mató en el acto.
Su
acción fue repudiada por los ancianos y el propio jefe
de la aldea. Tan sólo la intervención de su padre y del
padre de Elkjaer le salvó de ser ejecutada, pero fue
expulsada de la tribu para siempre. Durante algún tiempo
vagó sola por los bosques, alimentándose de los animales
que cazaba y durmiendo al raso. Un año más tarde se unió
a una banda de ladrones con lo que se había topado
anteriormente. Con ellos estuvo dos años más, hasta que
al ser capturada por los kantherios le dieron la
oportunidad de alistarse como mercenaria y aquello había
sido desde entonces. Mantenía una vida licenciosa y
desganada, sólo un instinto básico de supervivencia le
permitía seguir viviendo, cuando ya no le quedaban
alicientes para ver un nuevo amanecer. |