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El Último Titán representa una nueva forma de concebir la literatura fantástica, alejada de tópicos como la eterna lucha del bien contra el mal, la introducción reiterada de elementos místicos inexplicables, el recurso a categorías rígidas propias de los juegos de rol o la repetición inagotable de esquemas exitosos (como el del héroe humilde que debe encontrar o utilizar un artilugio mágico con el que salvará el mundo). Tal afirmación no obedece a ningún prurito ni pretensión de originalidad exacerbada, sino a la mera constatación de que no se trata de un relato de literatura fantástica al uso, aunque existan muchos elementos que puedan emparentarlo con los textos más conocidos: así existe un personaje central solitario y autosuficiente semejante en esto a Conan, Kull o Sonja de Robert E. Howard. Al igual que Drizzt de Salvatore se trata de un personaje atormentado por las dudas y el lastre de su pasado. Como en ciertos relatos de Robert Jordan se cuida especialmente el realismo de los ambientes en los que desenvuelven los personajes. Imitando y profundizando en el proceder de Tolkien se han documentado exhaustivamente todos los aspectos del mundo desde los histórico-evolutivos, a los étnicos, geográficos, sociológicos, económicos o lingüísticos antes de situar a los personajes en él. Recuerda a las sagas de Margaret Weis y Tracy Hickman en el ritmo ágil de la narración, amenizado por el concurso de personajes y situaciones que suavizan el dramatismo de los acontecimientos. Como en las sagas de Glen Cook no hay princesas elfas, ni caballeros andantes, sino que los personajes se mueven más bien en ambientes marginales. Como en Canción de Hielo y Fuego de George R.R. Martin, sin ser como aquella una novela coral, podemos ir viendo cómo los acontecimientos se destacan en virtud de la perspectiva psicológica de los personajes. Y, en definitiva, sigue el esquema común propio de la mayoría de los relatos fantásticos o de aventuras, los protagonistas, a los que se unen y abandonan nuevos personajes, van enfrentándose a los distintos desafíos que les depara su situación.

Se le podría encuadrar dentro de la fantasía épica, con las salvedades ya anunciadas anteriormente, por ubicarlo de alguna manera; no obstante, deben acentuarse algunas cautelas:

En primer lugar se trata de aunar los géneros de fantástico y de ciencia ficción. Todos los elementos aparentemente mágicos que surgen en el desarrollo de la novela tienen una explicación técnica, su condición mágica se la da el ser narrados desde la óptica fantástica de los habitantes del mundo imaginario en el que se desarrollan los acontecimientos (Se atribuye a Clarke el postulado de que las ciencias más avanzadas parecerían magia a los ojos de quienes las desconocieran, aunque su sentido lo podemos encontrar en algunos ejemplos de nuestra historia universal, como cuando los aztecas creyeron que los conquistadores españoles eran enviados de los dioses por su superioridad tecnológica). El breve prólogo que muestra la discusión entre un historiador y un filósofo sirve para ilustrar las dos posibles lecturas, en clave tecnológica (o de ciencia-ficción) y en clave fantástica. Si podemos decir que Dune de Frank Herbert es más bien una obra de literatura fantástica escrita en clave de ciencia ficción, El Último Titán vendría a ser su inversión, una obra de ciencia ficción escrita en clave de literatura fantástica.
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En segundo término cabe considerar la decidida voluntad de realismo, de impregnar los escenarios de la máxima verosimilitud y coherencia posibles. De modo que lo fantástico quede relegado al carácter imaginario del mundo y la óptica de sus habitantes, haciendo creíbles las situaciones y permitiendo que el lector se sienta transportado a ese mundo, conviviendo cada paso con los personajes. Esta voluntad de realismo se traduce en unos protagonistas con necesidades humanas (tanto fisiológicas como afectivas), que han de ganarse el sustento diario para sobrevivir o correr aventuras, en una ausencia de situaciones inexplicables o magos que adquieren un poder inconmensurable y a un simple gesto resuelven la situación, tampoco existen luchadores infatigables o invulnerables, los protagonistas también pierden, a veces incluso la vida. No existen el bien y el mal, tan sólo dentro de la óptica de cada personaje hay una concepción de lo bueno y lo malo, pero incluso en estos casos hay personajes de convicciones firmes (o es blanco o es negro) y otros para los que todo son distintas tonalidades de gris.

En todo momento se ha partido del nítido convencimiento de que este género literario no tiene por qué estar reñido con la profundidad, en ninguna de sus dimensiones (filosófica, sociológica o psicológica). Las mismas razones obligaban a que el relato estuviera dedicado a un público adulto más exigente. Ciertamente es un libro de aventuras, pero no podían faltar otros ingredientes esenciales como la intriga, la acción, o el erotismo; de modo que puede decirse que se superponen varias tramas, entre las que destacarían: una trama épica que es el hilo conductor de la historia, una trama romántica de amor y desamor entre los protagonistas y una trama filosófica centrada en la sinrazón de la violencia y las consecuencias funestas de la guerra en abierta contradicción con un contexto en el que no es posible eludirlas.

La última clave para comprender “El último titán” reside en su gestación: Pese a la aparente saturación de títulos en el mercado tenía la sensación de que se repetían dos o tres esquemas de éxito, faltaba un enfoque más realista, coherente y adulto que no recurriera de un modo abusivo a la magia para solucionar a golpe de chistera los atolladeros en que el autor había metido a sus personajes. Estas apreciaciones no eran sólo mías, otras personas de mi entorno con semejante gusto por la literatura fantástica acusaban parecidas decepciones. A esta desazón se sumó la feliz circunstancia de contar con “algo más” de tiempo libre. La idea de este proyecto nace en 1997, cuando mi vida profesional estaba dando un giro de 180º, tras mi “despedida” del mundo filosófico con la presidencia del XXXIV Congreso de Filósofos Jóvenes y con mi incorporación profesional al análisis y desarrollo de software en una empresa del sector.

Comencé, en torno a septiembre de 1997, por crear un mundo consistente partiendo de 0 (en realidad nunca se parte de una pura nada, sino siempre desde la altura personal de nuestras experiencias, lo que incluye, por supuesto, nuestras lecturas. Lo que quiero señalar con ello es que no partí de otros mundos creados y la mayor parte de las fuentes de inspiración las tomé simplemente del mundo en el que vivimos y su rica historia). Tenía que ser un mundo amplio, de grandes dimensiones, que ofreciera gran libertad de escenarios. Para ayudarme creé una herramienta informática, que luego ampliaría a otros aspectos del proyecto, para determinar las distintas especies y etnias humanas que lo habitarían, así como su evolución histórica desde el surgimiento en el mundo hasta su desarrollo actual (momento de la narración de los acontecimientos). Dediqué dos años a la elaboración de sus detalles, que continuaría posteriormente en los años siguientes en paralelo al desarrollo de la primera novela (en este período conté con la participación como colaboradores de Luis Andrés (que elaboró varios mapas y amplió episodios seleccionados de la historia, completando también la geografía económica de algunas regiones) y Rodrigo Cambronero (que llegó a escribir un pequeño relato ambientado en este mundo, aunque muy alejado tanto geográfica como temporalmente de los acontecimientos de El Último Titán).

Los personajes fueron creados con la misma paciente laboriosidad que el resto del mundo. Para cada personaje, incluidos los secundarios, tiene su propia historia, gestada parcialmente con la misma herramienta informática que el mundo. El recurso a una aplicación informática tiene su utilidad en generar historias menos lineales, menos predecibles, al romper, al menos parcialmente el vínculo entre el creador y sus personajes, cuyo destino y circunstancias no controla completamente. El autor sigue ideando las posibilidades, pero no cual de ellas llegará a realizarse, así cada decisión genera una nueva bifurcación de la historia que abre su propio abanico de posibilidades, y así sucesivamente. Conjuntamente a su desarrollo histórico, hasta el momento en que aparecían en la novela, los personajes precisaban ser dotados de una profundidad psicológica, ésta venía dada por su propia ontogénesis en combinación con un prototipo de personalidad específica para cada uno de ellos. En los personajes principales se llega a utilizar una combinación de varias personalidades conocidas (de personas del entorno, históricas, o literarias), que dotan de bastante realismo a las complejas reacciones humanas a las distintas situaciones.

En definitiva, El Último Titán es una obra que pretende entretener al lector transportándole a otros mundos posibles, en los que las aventuras de los personajes generan situaciones que invitan a la reflexión, sin perjuicio de una lectura más superficial que prefiera ignorar las tramas filosóficas que se suscitan.

Aclaración sobre Titán y Titanio


El titán de que aquí se habla nada tiene que ver con los titanes de la mitología griega, que eran una especie de dioses que existían con anterioridad a los dioses del olimpo y que fueron derrotados por estos. Titán es la expresión creona para referirse a “los hijos de los dioses”. ¿Por qué usar entonces titán y no, por ejemplo, “Dejezenai”? Porque el último “Dejezenai” no diría nada a primera vista, mientras que titán se asocia inmediatamente en el inconsciente colectivo con un personaje legendario de gran fortaleza ligado a los dioses, como se refleja en muchas expresiones y frases hechas.

Lo mismo sucede con el “titanio”, cuando se habla de él no se está aludiendo al elemento químico de número atómico 22, que es de color gris plata, sino a una aleación especial de los dioses que si bien tiene muchas de sus cualidades tiene también otras completamente ajenas a aquel, como ser venenoso, y es de color negro brillante. El nombre en este caso se debe a la misma raíz creona que titán, “hecho por los dioses”

Foros Enrique Irma Krystal Valeria Tienda

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