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Lo primero que podemos decir de la magia en Kherian,
es que como tal no existe. Todos los elementos aparentemente
mágicos que surgen en el desarrollo de la novela tienen una
explicación técnica, su condición mágica se la da el ser
narrados desde la óptica fantástica de los habitantes del
mundo imaginario en el que se desarrollan los
acontecimientos. El breve prólogo que muestra la discusión
entre un historiador y un filósofo sirve para ilustrar las
dos posibles lecturas, en clave tecnológica (o de
ciencia-ficción) y en clave fantástica.
En la
historia del mundo no se registra ningún caso de magia
documentado. Hay algunas leyendas sobre brujos de
extraordinarios poderes, en la mayor parte de los casos
meros farsantes, en unos pocos hábiles fabricantes de
pociones. Pero todo cambió con el Advenimiento. Visto desde
fuera (tal como los acontecimientos han sido pensados:
versión técnica), el advenimiento tuvo lugar cuando una nave
alienígena se estrelló y sus supervivientes, una raza de
reses de aspecto humano y piel azulada, mucho más longevos y
tecnológicamente avanzados se vieron abocados a vivir en
aquel mundo. Visto desde dentro (tal como los
acontecimientos son narrados en las novelas: versión
mágica), el advenimiento tuvo lugar cuando los dioses
descendieron de las estrellas en su ciudadela volante, para
sacar a la humanidad de sus años de oscuridad e ignorancia.
En los años
siguientes, los “dioses” trataron de conseguir la adoración
de los pueblos más próximos. Sus poderes les facilitaron
este camino. No obstante, en algunos casos, particularmente
en ciertos reinos creones, el proceso encontró algunas
resistencias. Decidieron entonces, mostrar contundentemente
sus poderes. Aquellos que habrían de traer la paz al mundo
recurrirían a la guerra como método de persuasión para
descreídos. Crearon entonces a los “magos”. Servidores
humanos a los que se instruía en el uso de determinados
poderes.
Se crearon
cuatro tipos de magos, cada uno de ellos especializado en
una de las disciplinas de la “magia”.
1) Los magos
psíquicos. Capaces de controlar la mente de las criaturas
intelectualmente débiles y de provocar alucinaciones
colectivas. Con frecuencia utilizan sus poderes para
camuflar su aspecto. Su poder se activa mediante un amuleto
que deben llevar puesto.
2) Los magos
físicos. Capaces de proyectar un duplicado de su energía
física. Pueden sujetar, golpear o mover objetos a distancia
(telequinesis) o crear un escudo capaz de detener
proyectiles o ralentizar o suavizar los impactos físicos. Su
poder se activa mediante unas bandas que el mago debe llevar
en sus muñecas.
3) Los magos
térmicos. Capaces de generar fuego o hielo a partir del
aire. Sus usos más potentes son la bola de fuego o la
tormenta de escarcha. Su poder se activa mediante una
pequeña varita con forma de tridente.
4) Los magos
lumínicos. Tienen el poder de la luz. Pueden lanzar
poderosos rayos capaces de atravesar cualquier protección
(salvo las de titanio). También pueden generar un haz de luz
capaz de cegar temporalmente a cualquier criatura que
estuviera mirando en su dirección. Su poder se activa
mediante una varita corta.
Los
artilugios que daban poder a estos magos eran
intransferibles a menos que deliberadamente fueran
liberados. Si un sujeto distinto de su dueño trataba de
utilizarlos recibía una importante descarga, que podía
llegar a ser mortal. Sin embargo, tales precauciones
demostraron ser insuficientes, cuando en el transcurso de la
contienda, un héroe creón mató a un buen número de soldados
y magos que militaban en las filas de los dioses, valiéndose
del brazo amputado a un mago lumínico. Por ello, los
“dioses” establecieron un mecanismo de seguridad añadido.
Para activar su magia los “magos” debían pronunciar con
claridad y su propia voz una serie de frases rituales. Con
los años aquello hizo creer a muchos que el poder real
residía en aquellas palabras esotéricas.
Cuando ya
medio mundo los adoraba, hasta donde había ido creciendo su
influencia. Tuvo lugar un nuevo acontecimiento destinado a
cambiar la historia del mundo. Entre los “dioses” surgieron
disputas, creció la división y se crearon dos bandos
enfrentados. Los historiadores dieron el nombre de “La
Escisión” a este momento. Ambos bandos se repartieron el
mundo en áreas de influencia. Para los leales al viejo líder
quedaron los territorios ya convertidos. Para los rebeldes
el resto del mundo aún por convertir. Durante años los
dioses continuaron su labor de proselitismo. Pero sucedió
algo no previsto por nadie. Los amónidas, fieles en su
devoción a los arcanos (denominación que engloba a los
antiguos dioses anteriores al Advenimiento), idearon una
treta para no ser sometidos. Por su ubicación geográfica les
correspondía rendir culto a los dioses rebeldes, pero
dijeron adorar a los dioses leales a su antiguo líder y
pidieron la ayuda de estos. Pese a su superior inteligencia
los “dioses” cayeron en la celada, presos de su propia
vanidad. Estalló la guerra entre los partidarios de una y
otra facción de dioses. Hubo miles de muertos y entre ellos
un dios. Aquello radicalizó el enfrentamiento hasta límites
insospechados y estalló La Guerra de los Dioses, el
conflicto de mayor envergadura y crueldad que jamás conoció
el mundo. Los muertos y los desplazados se contaron por
millones, algunas etnias fueron exterminadas, y muchos
reinos asolados. En el transcurso del conflicto, puesto que
ambos bandos contaban con magos, los “dioses” crearon nuevos
tipos de guerreros a su servicio.
Primero
fueron los caballeros sagrados. Eran soldados de élite a los
que se dotaba de armas y armadura de titanio, al tiempo que
les hacían invulnerables a su toxicidad. El titanio era una
poderosa aleación fabricada por los propios dioses y
desconocida hasta entonces por los humanos. Se caracterizaba
por su color negro y su increíble capacidad de resistencia.
Sus armaduras y escudos eran prácticamente invulnerables a
cualquier impacto con otro metal o incluso el rayo de un
mago lumínico. Sus armas eran capaces de partir cualquier
protección de otro metal o incluso una roca si se las
empuñaba con la suficiente fuerza. Se les dotó además con
unas monturas especiales, los Grai-Ar, gigantescos y dóciles
reptiles alados, que les proporcionaron una gran velocidad
de ataque. En los comienzos de la Guerra de los Dioses, su
presencia en ambos ejércitos contribuyó decisivamente a
diezmar los magos en las filas contrarias.
A mitad de
conflicto, las bajas eran tan atroces que se vieron forzados
a introducir un nuevo tipo de combatiente especial: Los
sanadores. Equipados con un utensilio en forma de herradura
(Simtar) capaces de curar graves heridas o acelerar la
recuperación de los heridos (para poder reciclar sus propias
bajas). También se les dotó de un arma ofensiva
especialmente diseñada para defenderse de los caballeros
sagrados. Se les equipó con una potente ballesta capaz de
arrojar proyectiles con punta de titanio con la suficiente
fuerza como para atravesar una armadura de este metal.
Los últimos
en ser creados, como compensación a la superioridad de los
caballeros sagrados sobre los magos, fueron los archimagos.
A diferencia de los magos, los archimagos poseían el control
simultáneo de las cuatro disciplinas de la magia. Lo que les
convertía en poderosos contrincantes capaces de enfrentar en
combate a los caballeros sagrados.
Al término
de la guerra, que concluyó “en tablas”. Sin que ningún bando
pudiese proclamarse vencedor. Los dioses se autoexiliaron en
mundos subterráneos, convencidos de que había sido su afán
de proselitismo lo que causó aquel desastre que casi los
llevó a la extinción. Pero la cruel guerra había dejado
otras consecuencias que tardarían algo más de tiempo en
cosechar. El contacto íntimo entre humanos y dioses durante
el conflicto, generó pasiones que en otros tiempos se
hubiesen tildado de antinaturales. Fruto de aquellos cruces
de humanos y dioses, nacieron los titanes, que heredaron
todas las cualidades de los dioses, con excepción de su
longevidad y el tinte azulado de su piel. Los titanes
vivieron mezclados entre los hombres, confundidos entre
ellos. Pronto los dioses se dieron cuenta de que eran
minoría y comenzaron a temer la amenaza que sus hijos no
deseados podrían suponer para ellos. Su unieron ambas
facciones con un único fin: exterminar a los titanes. Para
ello crearon un nuevo tipo de servidor, muy costoso en
recursos y entrenamiento, pero adecuado para enfrentarse a
quienes tenían las condiciones físicas e intelectuales de
los mismísimos dioses.
Los llamaron
campeones. Acumulaban todas las cualidades de un caballero
sagrado, un archimago y un sanador juntos. Extraoficialmente
recibieron el nombre de “cazadores de titanes”. Sin embargo,
algo no salió bien. Los titanes eran demasiado inteligentes
y advirtieron el complot que se cernía sobre ellos, se
organizaron y plantaron cara a los dioses. Fue el comienzo
de la Guerra de los Titanes. Casi tan cruenta como la
anterior. Terminó con el exterminio de todos los titanes y
retorno de los dioses a su autoexilio.
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