Martheen
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Martheen según un diseño de Neverwinter Nights (siempre se tratan de meras aproximaciones, pero en este caso le hace muy poco justicia)

Martheen  nació y creció en Jezal, capital de Mortinam. Su madre era una conocida bailarina del lugar hasta que se desposó con su padre, un ilustre herrero local. Desde muy pequeño, Martheen, mostró su fascinación por las armas y de ellas su favorita fue siempre la espada.  Su habilidad con ésta le facilitó un puesto en la guardia de la ciudad a la temprana edad de 14 inviernos. A los 20 ingresó en la guardia real. A los 22 conoció y se casó con Andorina una bella bailarina como lo había sido su madre.

Cuatro años más tarde, cuando su ascenso a suboficial era inminente, se vio envuelto en una turbia historia que marcaría su vida para siempre.  Su mujer, Andorina, apareció muerta estrangulada. Algunas pistas y todos los rumores lo situaban a él como su asesino. Fue expulsado del la guardia real. Los alguaciles no intervinieron, el hecho de que se le considerase un delito pasional, se llegó a rumorear que su mujer tendría un amante, y sus anteriores servicios en la guardia de la ciudad, le sirvieron para no acabar en los calabozos. Roto de dolor, decidió dedicarse a buscar al verdadero asesino de su mujer, pero en el transcurso de sus pesquisas sufrió una emboscada a manos de los familiares de su esposa, que lo culpaban de su muerte. Se defendió para salvar la vida y en el trascurso de la pelea murieron su antiguo suegro y uno de sus cuñados. Las autoridades intervinieron y ordenaron su captura.

Optó por huir y se convirtió en un fugitivo. Se refugió en la llamada ciudad de los ladrones, también conocida como la ciudad abandonada o ciudad sin ley, en medio de la tundra de Mortinam, las ruinas de una antigua ciudad donde se refugian rufianes de distintos confines del mundo. Allí la vida era dura pero su habilidad con la espada y su entrenamiento marcial le ayudaron a hacerse respetar. Vivió casi tres años en aquel estercolero, aprendiendo a sobrevivir, a ser implacable, a matar antes de convertirse en víctima. Su fama llegó a ser tal que con frecuencia se veía obligado a luchar en duelo contra rivales llegados de todas partes dispuestos a conseguir la gloria de derrotarlo. Asqueado se esa vida, marchó un día hacia el Este. Aprovechó el verano para cruzar la implacable tundra y los sórdidos dominios de Vala.

Llegó a territorio azunzei, cuyo idioma conocía vagamente gracias a un forajido de aquellas tierras que conoció en la ciudad de los ladrones, con el que trabó alguna amistad antes de que lo asesinaran en una reyerta de las que allí tenían lugar con frecuencia. Encontró trabajo como guardián de un noble señor. Algunas estaciones más tarde, su habilidad y técnica con la espada llamaron la atención del maestro Ziao-Minao, que lo contrató para conocer las técnicas occidentales de combate, después lo tomó a su cargo enseñándole todos los secretos de la lucha con catana. Desde entonces, aunque el espadón y la espada larga siguieron siendo sus armas favoritas, siempre lleva una catana al costado.

Al morir Ziao-Minao, tres años más tarde, se desataron las disputas entre sus discípulos por hacerse cargo de su academia de artes marciales. Martheen no quiso participar en ellas, pese a que el propio maestro lo nombraba en su testamento. Cruzó los mares interiores hasta llegar a la capital del Imperio Hamersab. Enseguida encontró trabajo de mercenario, pues el imperio luchaba continuamente por mantener el orden en sus difusas fronteras. Su valía le hizo ascender rápidamente y antes de un año ya dirigía su propia compañía de mercenarios. En este período conoció al fiel Gnuba, un mercenario mob al que salvó la vida y que en gratitud le sigue desde entonces a todas partes, buscando la ocasión de pagar su deuda.

Años más tarde, en plena insurrección de los zuarnios, se alistaron en su compañía dos virianos gigantescos, Cromber y Havock, crecidos de sus habilidades. Aquellos mercenarios eran guerreros extraordinarios, pero no conocían la disciplina. Decidió que sólo dándoles un escarmiento serían verdaderamente útiles a su compañía. Los desafió y derrotó, iniciando lo que sería el incipiente comienzo de una gran amistad. Estuvieron algo más de un año juntos, su compañía fue la que consiguió capturar a la que los zuarnios llamaban “su diosa”. Apenas una estación más tarde casi toda su compañía fue exterminada, junto a un batallón de los mejores soldados hamersab, en el ataque masivo de los zuarnios a la fortaleza donde estaba prisionera “su diosa” y que ellos custodiaban. Martheen, Gnuba, Cromber, Havock y apenas un par de decenas de mercenarios más fueron todos los supervivientes, aguantaron atrincherados en una de las torres. La llamada “diosa” de los zuarnios decidió perdonarlos la vida, tal vez por el valor demostrado, o quizá simplemente porque no quiso perder más súbditos.

Aunque Cromber y Havock decidieron continuar sus aventuras en el Imperio Hamersab, Martheen quiso regresar a Mortinam y Gnuba, como siempre, lo siguió. Uno de los mercenarios, originario de Jezal, le había facilitado importantes pistas sobre la muerte de su mujer. Al llegar allí casi nadie lo reconoció, se había dejado el pelo largo y bigote y era casi diez años más viejo, con cicatrices en lugares donde antes tenía sólo piel lisa. Trató de pasar inadvertido y ni siquiera visitó a su familia, aunque los observó de lejos; así se enteró de que su madre había muerto. Pero la peor noticia fue descubrir que el asesino de Andorina había sido el marido de su hermana, por aquel entonces sólo un pretendiente más, al que nunca había prestado demasiada atención. No tuvo piedad, no lo mató, Gnuba lo hizo por él. Después se encargó de hacer llegar parte del dinero que había ganado con los hamersab a su hermana, para que a ella y sus sobrinos no les faltase de nada. Ya nada le quedaba por hacer en Mortinam, antes de ser fatalmente reconocido y encerrado, marchó una vez más de allí para ya no volver nunca más.

Vagó un par de estaciones por los reinos kantherios, alquilando su espada al mejor postor. Después supo de la expedición que Gothenor, Rey de Messorgia, estaba organizando para recuperar la rica región de Tiransa de manos de los amónidas. Acudió allí y utilizó su experiencia para fundar una nueva compañía de mercenarios. Cromber que regresaba por entonces de sus aventuras en el Este se unió de nuevo a su compañía. También se le unieron entre otros Glakos, Hilostar y Chaser. Pero sin duda, lo más relevante para su vida fue que allí conoció y su unió a su compañía Zinthya, la que sería la mujer de su vida. Al igual que él había sido miembro de la guardia real, bien que de Messorgia en lugar de Mortinam, y como él había sido expulsada injustamente.

La expedición a Tiransa resultó ser un desastre. Al mando del incompetente Ealthor, hijo bastardo de Gothenor, los kantherios se internaron en territorio amónida a través del vado de Ramassa, una zona donde el río Lavare se estrecha. Sus enemigos los estaban esperando y los emboscaron cuando apenas un tercio de las tropas habían cruzado. Fue una matanza, Martheen y los que quedaban de los suyos se rindieron al hacerlo el resto del ejército messorgio. Fueron encadenados y torturados en la fortaleza de Tiransa, de donde gracias a Cromber lograron escaparse, no sin antes incendiarla aprovechando la indisposición etílica de la mayoría de sus captores.

Durante algo más de una estación recorrieron las tierras amónidas, saqueando sus granjas y minas, abandonados a un pillaje sin freno. La muerte de Hilostar en un encuentro con guerreros amónidas, a causa de una flecha envenenada con zuarda, los hizo recapacitar y se encaminaron hacia el norte, al reino de Akaleim. Donde el Rey Pharfants los contrató para reforzar su frontera sur contra los amónidas. Allí pudieron reclutar a nuevos mercenarios, entre ellos a Corban y tuvieron que decir adiós a Cromber, que hastiado de la vida de mercenario marchó hacia Darlem.

En otra de las fronteras de Akaleim estalló la guerra y Martheen y su compañía de mercenarios, la Hermandad Libre, fueron destacados en Arrack, para hacer frente a los disturbios y resistencia de esta nación viriana a la ocupación kantheria. Dos años más tarde se selló una tregua, aunque el Rey de Akaleim siguió manteniéndolos en nómina, preocupado por sus inestables fronteras. Martheen y Zinthya aprovecharon los tiempos tranquilos para casarse en secreto. Poco después supieron que ante la llegada de un ejército del Este a Messorgia, Gothenor reclutaba un nuevo ejército y que lo apurado de su situación le hacía ser extremadamente generoso en la paga, lo que los persuadió de acudir allí.

Foros Enrique Irma Krystal Valeria Tienda

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