Nadia
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Nadia nació y se crió en Bittacreos, capital del reino de Bitta, en el seno de una familia acomodada.  Su padre era recaudador de impuestos del Rey y más tarde fue ascendido a Procurador adjunto de Policreos, la segunda urbe en importancia del reino, y capital cultural del los reinos kantherios. Aquella promoción acarreó que tuvieran que trasladarse a Policreos cuando ella apenas iniciaba su adolescencia. Allí conoció a Bern, un estudiante de filosofía de la Academia de Diógenes. No le costó mucho convencer a sus padres de que la inscribieran allí, casi tan poco como iniciar un idilio con aquel muchacho. Durante años su vida transcurrió entre los muros de la Academia. Poco a poco fue advirtiendo como las charlas filosóficas, que inicialmente le habían parecido aburridas, la iban cautivando más a más hasta formar parte de su existencia, casi en el mismo plano que Bern. Un día, mientras debatía con él, tumbados sobre el césped seco de los jardines, acerca de si era la ardilla la que daba vueltas alrededor del árbol o si no era el árbol el que daba vueltas en torno a la ardilla, recibió la terrible noticia de que sus padres y hermana habían muerto en un terrible incendió que asoló su casa. Se llegó a decir que fue un hecho intencionado, relacionado con una supuesta venganza a ciertas actuaciones de su padre como Procurador. Alguaciles reales llegaron a ocuparse del caso, pero finalmente nadie dio con los culpables y no tardó en caer en el olvido.

Aquello la sumió en una gran depresión, casi no comía y se pasaba el día durmiendo. Por aquellas fechas la condesa de Pontenges, que también era asidua de la Academia de Diógenes, enviudó. Poco después Nadia se enteró estupefacta que su amado Bern se había casado con ella, pese a que le doblaba con creces la edad. El golpe fue mayor de lo que pudo encajar y durante algún tiempo sus más allegados creyeron que había perdido la razón. Caminaba como sonámbula, sin hacer caso alguno de cuanto sucedía a su alrededor, hablaba sola e incluso reía de forma espontánea. Un día, nadie sabe muy bien por qué, tomó un barco con destino a Barnade, en el reino de Burdomar, y nunca volvieron a saber de ella desde entonces.

Aquella embarcación nunca alcanzó el puerto de Barnade. Una terrible tempestad la hizo zozobrar y la empujó hacia el sur, para terminar estampándola contra la cadena de arrecifes que rodean las costas de Gilsam. Nadia sobrevivió, nunca llegó a saber de dónde sacó fuerzas, pero apenas comenzó a sentir que se ahogaba, una energía surgió de sus entrañas forzándola a vivir. Se debatió algo más de un día entero sobre las aguas hasta que fue recogida por una barca pesquera viriana. La llevaron a una de las principales aldeas costeras de Gilsam, donde fue violada y sometida a todo tipo de vejaciones. La convirtieron en esclava, su doble origen kantherio y creón sólo la convertían en doblemente despreciable a los ojos de sus captores. Supo aguantar el castigo con entereza y resignación. Así vivió durante casi dos años, en los que su sumisión y complacencia le granjearon la confianza de aquellos. Finalmente un día escapó y se internó en los densos bosques de Gilsam, allí hubo de esconderse de sus perseguidores y enfrentarse a las fieras y la dura vida a la intemperie. Pero sobrevivió, aprendió a sortear los peligros y a burlar a quienes buscaban darle caza. Cada día que seguía viva la hacía más lista, más hábil, más fuerte.

Un día, tras dos estaciones, huyendo de sus perseguidores se internó en la Zona Prohibida de la diosa blanca, Milarisa. Pese a sus adquiridas habilidades, los engendros de ésta la redujeron con facilidad. Sin embargo, el coraje y fuerza de voluntad que en todo momento demostró Nadia hicieron que la diosa no la hiciera matar por haber violado la prohibición de entrar en su territorio. La sometió a duras pruebas, algunas de resistencia y agilidad, la mayoría de de agudeza mental e ingenio. Las superó todas. Milarisa le ofreció entonces un pacto. Nadie que no estuviese a su servicio podía entrar en la Zona Prohibida de Gilsam y salir de manera distinta a un cadáver, así que le propuso trabajar para ella. A cambio, la diosa la convertiría en campeona y nunca más tendría que huir de nadie.

Arriba, Nadia en el fragmento de un cuadro al óleo realizado por el propio autor y que sirvió como ilustración de portada para la primera de las novelas del Último Titán.

A la izquierda, Nadia caracterizada en el creador de juegos de Rol NeverWinter Nights.

Foros Enrique Irma Krystal Valeria Tienda

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